martes, 14 de junio de 2011

EN QUE CIRCUNSTANCIA LAS MINORIAS ETNICAS SE CONVIERTEN EN GRUPOS DE PRESION EN R. D.


17 de Abril, 2011 - 05:36 AM | Por Benjamín Cedano 

Es cierto que las minorías étnicas al ser un pequeño segmento de una nación, con frecuencia se constituyen en un grupo discriminado, por su propia situación de minoría, en la mayoría de los casos con costumbres, lengua, raza y religión muy distinta al país donde están subordinados.

Pero también, no es menos cierto que, tradicionalmente las minorías han sido consideradas por la mayoría dominante como una amenaza, a pesar que en los últimos decenios las naciones más desarrolladas han comenzado a tratar a las minorías como un grupo enriquecedor y que aporta al país anfitrión.

Es así como entonces, una minoría étnica en si misma se constituye en grupo de interés, ya que al ser parte relevante de una nación, sus actividades de forma directa o indirecta influyen en los aspectos sociales, económicos y políticos del anfitrión.

En ese contexto, podemos colegir que, de una u otra manera las minorías étnicas, cuando descubren o sienten que son lo suficientemente grandes para influir en las decisiones de las masas, se organizan en grupos de presión en cualquier estado, incluyendo el de nuestra pequeña nación caribeña.

Los casos chinos y haitianos son dos magníficos ejemplos de minorías, pues reflejan lados opuestos de grupos de inmigrantes en nuestro país.

Los chinos comenzaron a emigrar a Rep. Dom. a finales del siglo XIX. Hoy en día, la comunidad china descendiente de esos primero inmigrantes forman parte importante de la clase media de nuestro país, integrado por destacados profesionales y comerciantes en los diferentes segmentos de la economía nacional. Es trascendental la influencia económica y cultural de la comunidad china en nuestro país, con casi 20,000 ciudadanos, los cuales además de China emigran desde Perú, Chile y Ecuador.

Cuando hablamos de lavanderías, moteles, restaurantes, salones de uñas, siempre pensamos en chinos, pues esas son de las actividades comerciales que más realizan y destacan en esa comunidad. ¿Quién no ha sucumbido a un “pica pollo” chino? Se estima en más de 700 los existentes en nuestra capital de los cuales las 3/5 partes son propiedad de chinos, y en nuestra ciudad de Santiago unos 30.

El Barrio Chino en Santo Domingo se ha establecido como unos de los centros de intercambio comercial con mayor movimiento en la capital, este lugar fue construido con inversión mixta entre el Estado y la misma comunidad de chinos en nuestro país.

Cabe destacar que, las relaciones comerciales entre la República Dominicana y China Continental se expanden y fortalecen cada día más, como consecuencia, precisamente, de la importancia que ha adquirido la comunidad de inmigrantes chinos en nuestra nación.

El predominio chino en nuestro país es tal, que existe una famosa frase muy dominicana: “eso lo saben hasta los chinos de Bonao”.

Es claro que la comunidad china es un grupo de presión en nuestra sociedad, pero un grupo al que no hay que temer, pues sus aportes son positivos en toda la extensión de la palabra.

En cuanto a los haitianos, la historia es diferente. Y no hay que abundar mucho, pues después de la historia dominicana, la haitiana es la que más conocemos. Quizás porque ambas se han creado casi a la par y con influencia mutua.

Las relaciones dominico-haitianas siempre han sido complejas y cargadas de altas y bajas, dos hijos de las misma madre, preñada por dos padres totalmente diferentes.

Las invasiones bélicas de las que hemos sido objeto por parte de la nación haitiana en nuestra historia pasada, y ahora la “pacífica” de ilegales haitianos nos obliga estar en permanente alerta.

Es cierto que todo esto produce en algunos dominicanos un sentimiento de xenofobia en los más radicales, resentimiento en los menos, y nacionalismo en los más sensatos.

En la actualidad, algunos haitianos y personas pro haitianos tratan de obligarnos a permitir la inmigración ilegal de haitianos, con una campaña nacional e internacional disfrazada de humanismo, pero que en el fondo lo que busca es que la nación dominicana se coja para sí misma un problema que no le pertenece.

A diferencia de los chinos en nuestro país, los haitianos se han constituidos en grupo de presión mal sano, pues en vez de ser entes productivos en todos los niveles como los orientales, atentan contra la soberanía nacional, pues el descontrol en su entrada a nuestra nación, sus costumbres propias del hacinamiento, la pobreza que arrastran desde su inviable nación hacen que la paz del ciudadano común esté en la cuerda floja.

Los haitianos como grupo de presión generan discordia y desconfianza.
En el aspecto económico los haitianos no aportan tanto como el beneficio que ellos reciben de parte de nosotros. Y es obvio, nuestra economía es siete veces más grande que la de ellos. Esto es una de las causas del problema migratorio que existe entre Haití y Rep. Dom.

Hay que reconocer que por su poca productividad, Haití es nuestro mayor importador, el intercambio comercial entre nuestra nación y nuestros hermanos pobres para finales del 2009 fue de unos US$600 millones.

Se estima que el 85% por ciento de la mano de obra en el sector de la construcción dominicana es haitiana. En el sector turismo el 50%. En la agropecuaria, más del 60%. Adicional a esto los que trabajan en los ingenios azucareros y los vendedores ambulantes, motoconchistas y cualquier otra actividad de la economía informal.

Estas cifras se ven como positivas desde el punto de vista de los dueños de empresas beneficiarios de "mano de obra barata", y que de frente apoyan los controles migratorios, pero que de espalda, se ríen, pues le beneficia la ilegalidad de sus obreros haitianos.

En el fondo, la presencia de mano de obra haitiana en nuestro país beneficia más a Haití que a la Rep. Dominicana, pues el 80% de los trabajadores haitianos envían remesas a su país de origen, unos US$350 millones, inyección que aligera las penurias que pasan los residentes en aquel empobrecido país.

Eso está bien, pero no está bien que sea a expensas del desempleo de los dominicanos que son desplazados por la mano de obra barata ilegal haitiana, en contubernio con los empresarios “malos dominicanos”, un gobierno que no hace el trabajo para el que se le ha elegido, pues no existe una política migratoria clara, ni mucho menos controles serios en la frontera dominico-haitiana.

A diferencia de la comunidad China, la Haitiana se congrega en barrios marginados, muchas veces en hacinamiento con los mínimos rigores de salubridad, fuera del “beneficio de mano de obra barata”, no hay un aporte positivo para nuestro país. Al final esa supuesta “mano de obra barata”, puede convertirse en un problema irreversible, pues la falta de crecimiento y desarrollo económico y social de la comunidad haitiana en nuestro país puede arrastrar a toda nuestra nación, y posiblemente también, convertirnos en una minoría dentro de nuestra propia patria.

He aquí dos caras de una misma moneda: dos minorías, dos historias, una feliz, otra desastrosa.

Benjamín Cedano
Es Diseñador.
Puede escribirle al email: benjamincedano@hotmail.com

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